/ sábado 18 de mayo de 2019

Cada vida concebida es valiosa

Hace unos días escuché una historia que me conmovió profundamente, una bella historia con mucha enseñanza, y en seguida pensé en compartirla con ustedes.

Esta historia nos enseña, cómo las maravillas de la ciencia médica han descubierto formas de salvar vidas de los bebés más pequeños que nacen antes de alcanzar su madurez, y con ello nos demuestra que los bebés en el útero son seres humanos vivos en cualquier etapa de su desarrollo en la que se encuentren, y no debemos creernos con el derecho de negarles la oportunidad a la vida.

Uno de estos casos recientes, es el del bebé nombrado como “el bebé más pequeño del mundo”, que nació con tan solo 24 semanas de gestación, cuando lo normal son 40 semanas; pesando tan solo 268 gr. Tan pequeño que cabía en un par de manos juntas. Después de pasar varios meses en el hospital bajo cuidados especiales, finalmente en febrero del presente año, este bebé abandonó el hospital para irse a casa, pesando 3.2 kg., 12 veces más de lo que pesó al nacer; sano y pudiendo alimentarse normalmente (1).

Sin embargo, la historia de este bebé, no es la única en su género, pues la historia a la que hago referencia en los primeros párrafos de este artículo, es la de Tammy Lewis, quien al nacer pesó tan solo 566 gr. Pues nació con solo 24 semanas de gestación. La probabilidad de sobrevivencia que le dieron los médicos a sus padres, fue tan solo del 5 al 10%, una esperanza de vida demasiado baja.

No obstante, 34 años después, Tammy trabaja hoy en día en la misma unidad neonatal de cuidados intensivos que le salvó la vida. Ahora ella trabaja al lado de algunos de los mismos médicos y enfermeros que la atendieron y cuidaron cuando era tan solo una bebé.

Cuando llegó el momento para Tammy de decidir su camino en la vida, se apasionó por la medicina, pues ella sabía que este era el lugar donde quería estar, quería trabajar con niños, y no solo con niños, sino con pacientes de cuidados intensivos. Ella es terapeuta respiratoria, y en su trabajo diario conecta respiradores y sondas como las que le ayudaron a sus pulmones a respirar cuando era una bebé.

Tammy es ahora madre de dos niños, y disfruta contribuyendo con sus pacientes y con las familias que se encuentran en la misma situación que su familia se encontró hace más de treinta años, al brindarles esperanza compartiéndoles su exitosa historia de sobrevivencia. “No hay nada mejor que tomar un bebé de 500 gr. Y luego verlo crecer” dice Tammy. El trabajo de Tammy evita que ella pierda de vista su maravillosa historia, y que además, su historia pueda brindar aliento y esperanza a las familias. “Mientras trabajo recibo un recordatorio diario de lo bendecida que soy por estar hoy aquí” dice Tammy (2).

Esta historia real es un relato sorprendente de lo que la ciencia médica ha descubierto, y esta haciendo hoy en día para salvar vidas en circunstancias difíciles, por eso, no hay razón para que la ciencia médica en vez de salvar vidas, sea usada para aniquilar vidas en el útero de las madres.

La historia de Tammy nos recuerda que la vida tiene un gran valor, pues cada ser humano que ha sido concebido viene con una capacidad productiva incalculable, pues nunca sabemos si el ser humano concebido hoy será el ser humano que descubra la cura del cáncer mañana, o será el ser humano que dejará un legado para mejorar la educación el día de mañana. Tal como los padres de Tammy no lo pudieron saber cuando ella fue concebida, hasta que Tammy manifestó su productividad llevando a cabo esta labor maravillosa: la de contribuir a salvar vidas valiosas, tal como otros contribuyeron para salvar la suya.

Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra.

Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos –(Salmos 139:13-16 NBLH).”

Favor de enviar todo comentario a los siguientes sitios sociales, blog: metamorfosiscultural.wordpress.com; facebook, twitter, YouTube: Metamorfosis Cultural ó si deseas comentar más ampliamente puedes hacerlo al correo: metamorfosiscultural2016@gmail.com Gracias.

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Artículo escrito por: Alejandra Pimentel Sánchez. Licenciada en Ciencias de la Familia.

Hace unos días escuché una historia que me conmovió profundamente, una bella historia con mucha enseñanza, y en seguida pensé en compartirla con ustedes.

Esta historia nos enseña, cómo las maravillas de la ciencia médica han descubierto formas de salvar vidas de los bebés más pequeños que nacen antes de alcanzar su madurez, y con ello nos demuestra que los bebés en el útero son seres humanos vivos en cualquier etapa de su desarrollo en la que se encuentren, y no debemos creernos con el derecho de negarles la oportunidad a la vida.

Uno de estos casos recientes, es el del bebé nombrado como “el bebé más pequeño del mundo”, que nació con tan solo 24 semanas de gestación, cuando lo normal son 40 semanas; pesando tan solo 268 gr. Tan pequeño que cabía en un par de manos juntas. Después de pasar varios meses en el hospital bajo cuidados especiales, finalmente en febrero del presente año, este bebé abandonó el hospital para irse a casa, pesando 3.2 kg., 12 veces más de lo que pesó al nacer; sano y pudiendo alimentarse normalmente (1).

Sin embargo, la historia de este bebé, no es la única en su género, pues la historia a la que hago referencia en los primeros párrafos de este artículo, es la de Tammy Lewis, quien al nacer pesó tan solo 566 gr. Pues nació con solo 24 semanas de gestación. La probabilidad de sobrevivencia que le dieron los médicos a sus padres, fue tan solo del 5 al 10%, una esperanza de vida demasiado baja.

No obstante, 34 años después, Tammy trabaja hoy en día en la misma unidad neonatal de cuidados intensivos que le salvó la vida. Ahora ella trabaja al lado de algunos de los mismos médicos y enfermeros que la atendieron y cuidaron cuando era tan solo una bebé.

Cuando llegó el momento para Tammy de decidir su camino en la vida, se apasionó por la medicina, pues ella sabía que este era el lugar donde quería estar, quería trabajar con niños, y no solo con niños, sino con pacientes de cuidados intensivos. Ella es terapeuta respiratoria, y en su trabajo diario conecta respiradores y sondas como las que le ayudaron a sus pulmones a respirar cuando era una bebé.

Tammy es ahora madre de dos niños, y disfruta contribuyendo con sus pacientes y con las familias que se encuentran en la misma situación que su familia se encontró hace más de treinta años, al brindarles esperanza compartiéndoles su exitosa historia de sobrevivencia. “No hay nada mejor que tomar un bebé de 500 gr. Y luego verlo crecer” dice Tammy. El trabajo de Tammy evita que ella pierda de vista su maravillosa historia, y que además, su historia pueda brindar aliento y esperanza a las familias. “Mientras trabajo recibo un recordatorio diario de lo bendecida que soy por estar hoy aquí” dice Tammy (2).

Esta historia real es un relato sorprendente de lo que la ciencia médica ha descubierto, y esta haciendo hoy en día para salvar vidas en circunstancias difíciles, por eso, no hay razón para que la ciencia médica en vez de salvar vidas, sea usada para aniquilar vidas en el útero de las madres.

La historia de Tammy nos recuerda que la vida tiene un gran valor, pues cada ser humano que ha sido concebido viene con una capacidad productiva incalculable, pues nunca sabemos si el ser humano concebido hoy será el ser humano que descubra la cura del cáncer mañana, o será el ser humano que dejará un legado para mejorar la educación el día de mañana. Tal como los padres de Tammy no lo pudieron saber cuando ella fue concebida, hasta que Tammy manifestó su productividad llevando a cabo esta labor maravillosa: la de contribuir a salvar vidas valiosas, tal como otros contribuyeron para salvar la suya.

Porque Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. Te daré gracias, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son Tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra.

Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos –(Salmos 139:13-16 NBLH).”

Favor de enviar todo comentario a los siguientes sitios sociales, blog: metamorfosiscultural.wordpress.com; facebook, twitter, YouTube: Metamorfosis Cultural ó si deseas comentar más ampliamente puedes hacerlo al correo: metamorfosiscultural2016@gmail.com Gracias.

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Artículo escrito por: Alejandra Pimentel Sánchez. Licenciada en Ciencias de la Familia.

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