/ sábado 10 de abril de 2021

El retorno de los viejitos

Se siguen administrando primeras dosis a diestra y siniestra por todo el estado, y según comentan algunos, en municipios privilegiados, para ser vacunados ya no han tenido la necesidad de acampar desde la noche anterior… Las dosis se siguen aplicando por cientos de miles diarios y ya se superan los 10 millones en el territorio nacional. Al pasado 8 de abril, más de un millón 664 mil mexicanos contaban con el esquema completo, cuando este constaba de dos dosis. Para el total de la población todavía es muy poco, pero el avance parece inexorable.

¿Cuánto tiempo durará la inmunidad? Es algo que no se sabe con exactitud, pues no ha habido tiempo suficiente de hacer pruebas que brinden certeza absoluta. Buena parte de los fabricantes sostienen que sus productos ofrecen por lo menos seis meses, aunque por supuesto esto varía según el paciente y las posibles exposiciones que pueda tener el vacunado al virus tras la vacunación. Por eso se insiste en no bajar la guardia y mantener las medidas de higiene hasta lograr una inmunidad de rebaño, es decir cuando esté inmunizada cerca del 70% de la población. Con seguridad, habrá necesidad de refuerzos o segundas vacunaciones posteriores, pero con el desarrollo de nuevas fórmulas de una aplicación, en unos meses habrá dosis de sobra, a pesar de los temores renovados a cepas más contagiosas o letales.

Esta semana, además del patético arranque de las campañas políticas, anticipo de esa “madre de todas las batallas electorales” como quieren vendernos estas elecciones intermedias, me llamó la atención un comunicado del INAPAM, donde se “recomienda a adultos mayores que trabajan en supermercados volver a trabajar tras la vacuna”. Las cursivas con mías, por supuesto. Debo recordar a quienes sufren de corta memoria que con la pandemia se había suspendido la humanitaria misión de algunos supermercados mexicanos de aceptar que “voluntariamente” ancianos ofrecieran sus servicios como empacadores en las cajas registradoras. Sin salario fijo, sin prestaciones laborales ni seguridad social era algo común, que se veía con la misma indiferencia que el outsourcing de las hoteleras y grandes conglomerados industriales.

Es decir, la misma desigualdad laboral a la que nos han tenido acostumbrados los gobiernos neoliberales que ahora tanto se extrañan.

No sé si usted a lo largo de este último año llegó a añorar el regreso de su empacador de confianza o se había dado cuenta que podía perfectamente empacar sus bolsas no desechables de tela solo, sin necesidad de ayuda y que se estaba ahorrando el caritativo óbolo que antes pagaba al adulto mayor que “voluntariamente” salía a trabajar porque no le quedaba de otra. Pues ahora el INAPAM ya le dio permiso para que salga a ganarse el pan.

Me imagino que la regularización laboral de este personal que pulula a las salidas de los Walmart, Sorianas, Comerciales Mexicanas, Chedrauis, etc. no está en la mira de los candidatos a diputaciones o presidencias municipales. Muchos de ellos han declarado que el dinero que se entrega a los adultos mayores es una dádiva populista y no responde a una obligación del estado en atención a los derechos consagrados en leyes tanto federales (Ley de los derechos de las personas mayores del 2002) como estatales (Decreto 92, 2013). Quizás se sienten más contentos viéndolos integrados a la economía como empacadores sin salario fijo, sin prestaciones y sin responsabilidad alguna de sus poderosos empleadores. Pero eso sí, ya vacunados. Bendito Dios.


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

Se siguen administrando primeras dosis a diestra y siniestra por todo el estado, y según comentan algunos, en municipios privilegiados, para ser vacunados ya no han tenido la necesidad de acampar desde la noche anterior… Las dosis se siguen aplicando por cientos de miles diarios y ya se superan los 10 millones en el territorio nacional. Al pasado 8 de abril, más de un millón 664 mil mexicanos contaban con el esquema completo, cuando este constaba de dos dosis. Para el total de la población todavía es muy poco, pero el avance parece inexorable.

¿Cuánto tiempo durará la inmunidad? Es algo que no se sabe con exactitud, pues no ha habido tiempo suficiente de hacer pruebas que brinden certeza absoluta. Buena parte de los fabricantes sostienen que sus productos ofrecen por lo menos seis meses, aunque por supuesto esto varía según el paciente y las posibles exposiciones que pueda tener el vacunado al virus tras la vacunación. Por eso se insiste en no bajar la guardia y mantener las medidas de higiene hasta lograr una inmunidad de rebaño, es decir cuando esté inmunizada cerca del 70% de la población. Con seguridad, habrá necesidad de refuerzos o segundas vacunaciones posteriores, pero con el desarrollo de nuevas fórmulas de una aplicación, en unos meses habrá dosis de sobra, a pesar de los temores renovados a cepas más contagiosas o letales.

Esta semana, además del patético arranque de las campañas políticas, anticipo de esa “madre de todas las batallas electorales” como quieren vendernos estas elecciones intermedias, me llamó la atención un comunicado del INAPAM, donde se “recomienda a adultos mayores que trabajan en supermercados volver a trabajar tras la vacuna”. Las cursivas con mías, por supuesto. Debo recordar a quienes sufren de corta memoria que con la pandemia se había suspendido la humanitaria misión de algunos supermercados mexicanos de aceptar que “voluntariamente” ancianos ofrecieran sus servicios como empacadores en las cajas registradoras. Sin salario fijo, sin prestaciones laborales ni seguridad social era algo común, que se veía con la misma indiferencia que el outsourcing de las hoteleras y grandes conglomerados industriales.

Es decir, la misma desigualdad laboral a la que nos han tenido acostumbrados los gobiernos neoliberales que ahora tanto se extrañan.

No sé si usted a lo largo de este último año llegó a añorar el regreso de su empacador de confianza o se había dado cuenta que podía perfectamente empacar sus bolsas no desechables de tela solo, sin necesidad de ayuda y que se estaba ahorrando el caritativo óbolo que antes pagaba al adulto mayor que “voluntariamente” salía a trabajar porque no le quedaba de otra. Pues ahora el INAPAM ya le dio permiso para que salga a ganarse el pan.

Me imagino que la regularización laboral de este personal que pulula a las salidas de los Walmart, Sorianas, Comerciales Mexicanas, Chedrauis, etc. no está en la mira de los candidatos a diputaciones o presidencias municipales. Muchos de ellos han declarado que el dinero que se entrega a los adultos mayores es una dádiva populista y no responde a una obligación del estado en atención a los derechos consagrados en leyes tanto federales (Ley de los derechos de las personas mayores del 2002) como estatales (Decreto 92, 2013). Quizás se sienten más contentos viéndolos integrados a la economía como empacadores sin salario fijo, sin prestaciones y sin responsabilidad alguna de sus poderosos empleadores. Pero eso sí, ya vacunados. Bendito Dios.


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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