/ sábado 29 de diciembre de 2018

¡Feliz y Próspero año nuevo! ¿De qué depende?

Al concluir otro año y al iniciar el siguiente, ya se deja escuchar la frase “¡Feliz y próspero año nuevo!”, con toda seguridad, son buenos deseos que se expresan hacia los demás y lo que los demás nos desean, sin embargo ¿porqué estos anhelos positivos de unos a otros, en especial entre los seres queridos, suelen quedarse en la mayoría de los casos, sólo en eso, en buenos deseos?

Es una realidad que hemos sido llamados para lograr la felicidad y la prosperidad en esta vida, no obstante, la infelicidad, la frustración, la insatisfacción y la decadencia se respira a nivel personal, familiar y nacional, basta con dar un vistazo al panorama que observamos día con día: depresión, suicidio, corrupción, rencor, violencia, desestabilidad emocional, crisis económica y la lista es larga.

¿Será acaso que la expresión ¡feliz y próspero año nuevo! debe ser sólo una tradición oral en nuestro país? Si somos honestos, la mayoría de las personas enfocan la felicidad en el bienestar externo, como por ejemplo, mejoras en su economía, salud física, buenas relaciones con los demás, en fin, poder contar con todas las condiciones externas que les favorezcan.

Aunque cada uno de estos aspectos es loable, la mayoría pasa por alto que la condición externa de una persona, hogar y nación, es el resultado de su condición interna, es decir, la mentalidad con la cual edifica su vida, su familia, su país, sus relaciones.

¿Será posible esperar un mejor año si la mentalidad con la que se edifica cada año la vida no cambia? hay un dicho que dice “no le pidas peras al olmo”, y esto aplica muy bien a lo que estamos hablando, cabe aclarar, que no es pesimismo, es sentido común y lógica, debemos comprender dónde se encuentra la raíz de nuestros problemas para poder encontrar su solución.

Cada año las personas comienzan con gran expectativa lo que les traerá el nuevo año, hacen planes y se llegan a frustrar conforme avanzan los días, semanas, meses y el año, cuando esos objetivos no resultan como esperaban, deseando nuevamente que el próximo año sea mejor.

Este círculo vicioso, sólo puede romperse cuando se rompe con la raíz que lo ocasiona, y esta raíz son las ideas, la mentalidad, los pensamientos, la visión con la que entendemos y aceptamos la vida.

Por esta razón, necesitamos alimentar continuamente nuestra mente de la visión correcta de la vida para tomar las decisiones adecuadas que nos permitan un buen desarrollo como personas, como familias, como nación. No existe nada como el documento bíblico para instruirnos en todo lo que respecta a la vida, si tan solo la estudiamos y la analizamos con mente abierta lejos del aspecto religioso en el que se le ha querido envolver.

Los buenos deseos para la verdadera felicidad y la prosperidad no tienen por qué ser irrealizables, todo depende de que nos determinemos a cultivar y a transformar nuestra mentalidad hacia los valores correctos que garantizan el desarrollo integral de nuestra vida. Y entonces poder expresar con toda verdad ¡Feliz y Próspero año nuevo!

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Artículo escrito por: Alejandra Pimentel Sánchez. Licenciada en Ciencias de la Familia.


Al concluir otro año y al iniciar el siguiente, ya se deja escuchar la frase “¡Feliz y próspero año nuevo!”, con toda seguridad, son buenos deseos que se expresan hacia los demás y lo que los demás nos desean, sin embargo ¿porqué estos anhelos positivos de unos a otros, en especial entre los seres queridos, suelen quedarse en la mayoría de los casos, sólo en eso, en buenos deseos?

Es una realidad que hemos sido llamados para lograr la felicidad y la prosperidad en esta vida, no obstante, la infelicidad, la frustración, la insatisfacción y la decadencia se respira a nivel personal, familiar y nacional, basta con dar un vistazo al panorama que observamos día con día: depresión, suicidio, corrupción, rencor, violencia, desestabilidad emocional, crisis económica y la lista es larga.

¿Será acaso que la expresión ¡feliz y próspero año nuevo! debe ser sólo una tradición oral en nuestro país? Si somos honestos, la mayoría de las personas enfocan la felicidad en el bienestar externo, como por ejemplo, mejoras en su economía, salud física, buenas relaciones con los demás, en fin, poder contar con todas las condiciones externas que les favorezcan.

Aunque cada uno de estos aspectos es loable, la mayoría pasa por alto que la condición externa de una persona, hogar y nación, es el resultado de su condición interna, es decir, la mentalidad con la cual edifica su vida, su familia, su país, sus relaciones.

¿Será posible esperar un mejor año si la mentalidad con la que se edifica cada año la vida no cambia? hay un dicho que dice “no le pidas peras al olmo”, y esto aplica muy bien a lo que estamos hablando, cabe aclarar, que no es pesimismo, es sentido común y lógica, debemos comprender dónde se encuentra la raíz de nuestros problemas para poder encontrar su solución.

Cada año las personas comienzan con gran expectativa lo que les traerá el nuevo año, hacen planes y se llegan a frustrar conforme avanzan los días, semanas, meses y el año, cuando esos objetivos no resultan como esperaban, deseando nuevamente que el próximo año sea mejor.

Este círculo vicioso, sólo puede romperse cuando se rompe con la raíz que lo ocasiona, y esta raíz son las ideas, la mentalidad, los pensamientos, la visión con la que entendemos y aceptamos la vida.

Por esta razón, necesitamos alimentar continuamente nuestra mente de la visión correcta de la vida para tomar las decisiones adecuadas que nos permitan un buen desarrollo como personas, como familias, como nación. No existe nada como el documento bíblico para instruirnos en todo lo que respecta a la vida, si tan solo la estudiamos y la analizamos con mente abierta lejos del aspecto religioso en el que se le ha querido envolver.

Los buenos deseos para la verdadera felicidad y la prosperidad no tienen por qué ser irrealizables, todo depende de que nos determinemos a cultivar y a transformar nuestra mentalidad hacia los valores correctos que garantizan el desarrollo integral de nuestra vida. Y entonces poder expresar con toda verdad ¡Feliz y Próspero año nuevo!

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Artículo escrito por: Alejandra Pimentel Sánchez. Licenciada en Ciencias de la Familia.


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