/ sábado 23 de febrero de 2019

QUIEN NO TUVO ABUELOS, NO TUVO DÍAS BUENOS

La vejes… ¿qué es la vejes? A priori podría parecer una pregunta muy obvia, pero no lo es; máxime cuando nos la planteamos por vez primera de manera muy seria y ante la juventud que poco a poco nos va diciendo: “adiós”, y los primeros achaques nos van dando la bienvenida, o mejor dicho, la “malvenida”.

Es el momento cuando ese “espejo espejito” se te va convirtiendo en un rebelde que sarcásticamente te dice: “Tú no eres la más bonita (o), Blanca Nieves es más bonita que tú” y las canas llegaron para ir tiñendo de blanco el castaño que tenías.

Ni modo, don Martín ha llegado a una edad digamos avanzada, sí… muy avanzada; los ingresos a los hospitales han sido cada vez más frecuentes.

Llegó procedente de la vecina ciudad de Abasolo a principios de los 70s cargando mujer e hijos; lleno de ilusiones en sus alforjas, y se quedó a vivir por el resto de sus días en la tierra de las fresas, Irapuato, ciudad que lo trató bien, muy bien, digamos, de maravilla… bueno así lo ha dicho él.

El buen humor y la sencillez que lo caracteriza aún postrado en su cama no lo han abandonado, pues en torno de sus familiares siente cobijo. Volver del hospital quería… ¿qué enfermo no desea poder salir corriendo de un frío nosocomio para volver a casa? sobre todo para ver a Chucho, ese nieto que más ha querido… bueno, también así lo ha dicho y dejado ver una y mil veces. Por fin, en casa ya, el reencuentro, cara a cara; el infante de seis años de pie ante el abuelo postrado en cama. El pequeño, cohibido no sabe qué decir, y el segundo de los mencionados no tiene vos… pues la perdió en este último internamiento y además es una de las secuelas del martirio de la enfermedad.

¿Qué más queda? ¡Las señas! , benditas señas que también son comunicación y que sirven para hacer la mímica de un corredor… sí, para evocar esas carreras que abuelo y nieto sostuvieron no hacía mucho tiempo atrás en el parque, pues a iniciativa de Irene que tal pareciera que sabía que poco tiempo le quedaba al abuelo para seguir disfrutando de Chucho y viceversa, y por ello es que se los había llevado en a convivir una vez más.

Corrían de aquí para allá, y siempre Chucho se le puso por delante; gustoso de ganar todas las carreras y el abuelo don Martin, aún más gustoso de perderlas pues bah…! eso qué importa, lo verdaderamente importante era esa convivencia con el latoso de su Chucho al que sin duda le quedará plasmada para la posteridad en su mente aquel conocido refrán que a la letra dice: “Quien no tuvo abuelos, no tuvo días buenos”. oem-elsol-de-irapuato@hotmail.com

La vejes… ¿qué es la vejes? A priori podría parecer una pregunta muy obvia, pero no lo es; máxime cuando nos la planteamos por vez primera de manera muy seria y ante la juventud que poco a poco nos va diciendo: “adiós”, y los primeros achaques nos van dando la bienvenida, o mejor dicho, la “malvenida”.

Es el momento cuando ese “espejo espejito” se te va convirtiendo en un rebelde que sarcásticamente te dice: “Tú no eres la más bonita (o), Blanca Nieves es más bonita que tú” y las canas llegaron para ir tiñendo de blanco el castaño que tenías.

Ni modo, don Martín ha llegado a una edad digamos avanzada, sí… muy avanzada; los ingresos a los hospitales han sido cada vez más frecuentes.

Llegó procedente de la vecina ciudad de Abasolo a principios de los 70s cargando mujer e hijos; lleno de ilusiones en sus alforjas, y se quedó a vivir por el resto de sus días en la tierra de las fresas, Irapuato, ciudad que lo trató bien, muy bien, digamos, de maravilla… bueno así lo ha dicho él.

El buen humor y la sencillez que lo caracteriza aún postrado en su cama no lo han abandonado, pues en torno de sus familiares siente cobijo. Volver del hospital quería… ¿qué enfermo no desea poder salir corriendo de un frío nosocomio para volver a casa? sobre todo para ver a Chucho, ese nieto que más ha querido… bueno, también así lo ha dicho y dejado ver una y mil veces. Por fin, en casa ya, el reencuentro, cara a cara; el infante de seis años de pie ante el abuelo postrado en cama. El pequeño, cohibido no sabe qué decir, y el segundo de los mencionados no tiene vos… pues la perdió en este último internamiento y además es una de las secuelas del martirio de la enfermedad.

¿Qué más queda? ¡Las señas! , benditas señas que también son comunicación y que sirven para hacer la mímica de un corredor… sí, para evocar esas carreras que abuelo y nieto sostuvieron no hacía mucho tiempo atrás en el parque, pues a iniciativa de Irene que tal pareciera que sabía que poco tiempo le quedaba al abuelo para seguir disfrutando de Chucho y viceversa, y por ello es que se los había llevado en a convivir una vez más.

Corrían de aquí para allá, y siempre Chucho se le puso por delante; gustoso de ganar todas las carreras y el abuelo don Martin, aún más gustoso de perderlas pues bah…! eso qué importa, lo verdaderamente importante era esa convivencia con el latoso de su Chucho al que sin duda le quedará plasmada para la posteridad en su mente aquel conocido refrán que a la letra dice: “Quien no tuvo abuelos, no tuvo días buenos”. oem-elsol-de-irapuato@hotmail.com

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