/ miércoles 22 de julio de 2020

V I C I S I T U D E S

AQUÍ ESTÁ TU TÍTULO, PERO…..

Pasan los años y los patrones entre papás e hijos se siguen repitiendo cuando de estudiar se trata, cuando las inquietudes de mamá y papá, sobre todo de los papás, se vuelven un tormento para lo que sus hijos quieren realizar en sus vidas.

Eso lo observé personalmente desde que yo estaba a punto de iniciar estudios profesionales en la ciudad de Toluca, con dos compañeros que estaban estudiando medicina, uno por gusto y otro por obligación.

Los dos ya estaban realizando sus estudios para ser médicos, y se sentían y se veían contentos con lo que hacían. El más grande, y que iba más adelantado en sus semestres, se llamaba Rogelio; el segundo, era Antonio. Los dos estaban estudiando porque sus papás habían insistido en que tuvieran carreras profesionales, como lo habían hecho ellos, pues descendían de papá y mamá profesionistas.

Rogelio estudiaba medicina sin el visto bueno de su papá, porque su progenitor era arquitecto y deseaba que su hijo también lo fuera. Rogelio no quería estudiar esa carrera y aunque no tenía el apoyo de su papá, se inscribió en medicina, llevando siempre muy buenas calificaciones. Llegado el tiempo, concluyó satisfactoriamente su preparación profesional, con un sabor no tan dulce pues lo había hecho en contra de los deseos de su papá.

Antonio, había presentado su examen de admisión en medicina porque no quería tener problemas con su papá, a pesar de que él no deseaba ser médico. Pasó su examen y se inscribió en la universidad. Como no quería tener fricciones con su padre, jamás le contradijo en nada y se puso a estudiar, porque hasta eso, era muy dedicado y listo para los estudios, por lo que seguramente en cualquier lado la hubiera hecho, sin embargo, estaba consciente de que estudiaba eso por complacer a su padre, más no porque le gustara mucho lo que estaba haciendo. Lo interesante está en que una vez que terminó sus estudios, su servicio profesional y su internado, y haber recibido su título, se presentó ante su papá, le entregó dicho documento diciéndole que ahí estaba lo que le amparaba que había estudiado lo que él, como padre había querido y pensado para su hijo, pero le hizo saber que bien sabía que a él no le gustaba esa carrera, pero que lo había complacido. “Aquí está tu título de médico, pero me voy ahora a estudiar lo que yo quiero”, le dijo.

Cuando Antonio se retiró se sintió más tranquilo y liberado. Se anotó en la carrera de administración de empresas, terminado la misma con sus propios recursos y esfuerzos porque tuvo que trabajar para sacar adelante sus estudios. Tiempo después llegó a ser director o gerente general de una de las instituciones de gobierno que en aquella época existían. Los papás de uno querían que fuese arquitecto, y fue médico; los papás del otro querían que su hijo fuera médico, y aunque lo fue y no ejerció, fue administrador de empresas. Al final de cuentas los dos jóvenes de aquel entonces estudiaron lo que en verdad querían en sus vidas.

La historia de estos dos jóvenes se presenta más a menudo de lo que uno se pudiera imaginar. Estos dos chavos decididos y comprometidos con ellos mismos lograron los que muchos sin carácter hacen lo que sus papás les dicen, sin tomar en cuenta, lo que en verdad quieren para ellos, para su logro profesional y realización personal. Mis estimados lectores, el Señor les dé su paz. Mtro. Armando.

AQUÍ ESTÁ TU TÍTULO, PERO…..

Pasan los años y los patrones entre papás e hijos se siguen repitiendo cuando de estudiar se trata, cuando las inquietudes de mamá y papá, sobre todo de los papás, se vuelven un tormento para lo que sus hijos quieren realizar en sus vidas.

Eso lo observé personalmente desde que yo estaba a punto de iniciar estudios profesionales en la ciudad de Toluca, con dos compañeros que estaban estudiando medicina, uno por gusto y otro por obligación.

Los dos ya estaban realizando sus estudios para ser médicos, y se sentían y se veían contentos con lo que hacían. El más grande, y que iba más adelantado en sus semestres, se llamaba Rogelio; el segundo, era Antonio. Los dos estaban estudiando porque sus papás habían insistido en que tuvieran carreras profesionales, como lo habían hecho ellos, pues descendían de papá y mamá profesionistas.

Rogelio estudiaba medicina sin el visto bueno de su papá, porque su progenitor era arquitecto y deseaba que su hijo también lo fuera. Rogelio no quería estudiar esa carrera y aunque no tenía el apoyo de su papá, se inscribió en medicina, llevando siempre muy buenas calificaciones. Llegado el tiempo, concluyó satisfactoriamente su preparación profesional, con un sabor no tan dulce pues lo había hecho en contra de los deseos de su papá.

Antonio, había presentado su examen de admisión en medicina porque no quería tener problemas con su papá, a pesar de que él no deseaba ser médico. Pasó su examen y se inscribió en la universidad. Como no quería tener fricciones con su padre, jamás le contradijo en nada y se puso a estudiar, porque hasta eso, era muy dedicado y listo para los estudios, por lo que seguramente en cualquier lado la hubiera hecho, sin embargo, estaba consciente de que estudiaba eso por complacer a su padre, más no porque le gustara mucho lo que estaba haciendo. Lo interesante está en que una vez que terminó sus estudios, su servicio profesional y su internado, y haber recibido su título, se presentó ante su papá, le entregó dicho documento diciéndole que ahí estaba lo que le amparaba que había estudiado lo que él, como padre había querido y pensado para su hijo, pero le hizo saber que bien sabía que a él no le gustaba esa carrera, pero que lo había complacido. “Aquí está tu título de médico, pero me voy ahora a estudiar lo que yo quiero”, le dijo.

Cuando Antonio se retiró se sintió más tranquilo y liberado. Se anotó en la carrera de administración de empresas, terminado la misma con sus propios recursos y esfuerzos porque tuvo que trabajar para sacar adelante sus estudios. Tiempo después llegó a ser director o gerente general de una de las instituciones de gobierno que en aquella época existían. Los papás de uno querían que fuese arquitecto, y fue médico; los papás del otro querían que su hijo fuera médico, y aunque lo fue y no ejerció, fue administrador de empresas. Al final de cuentas los dos jóvenes de aquel entonces estudiaron lo que en verdad querían en sus vidas.

La historia de estos dos jóvenes se presenta más a menudo de lo que uno se pudiera imaginar. Estos dos chavos decididos y comprometidos con ellos mismos lograron los que muchos sin carácter hacen lo que sus papás les dicen, sin tomar en cuenta, lo que en verdad quieren para ellos, para su logro profesional y realización personal. Mis estimados lectores, el Señor les dé su paz. Mtro. Armando.

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