/ miércoles 2 de septiembre de 2020

V I C I S I T U D E S


Hace algunos años tuve un compañero de trabajo que daba clases de Matemáticas, mismas que se le hacían divertidas y entretenidas. Cuando había oportunidad de platicar me contaba que desde niño le habían inculcado el gusto por las mismas, y el cómo favorecer el aprendizaje en cualquier nivel de estudios, y que además un maestro suyo las hacía que se vieran sumamente fáciles por la forma en que las impartía. Él no es mexicano y considera que el gran problema de las Matemáticas no es sólo en México, sino que parece ser un mal en todos los países del mundo, aún en los más adelantados. La clave, me contaba, es no hacerles creer a los alumnos que las Matemáticas son difíciles, porque inmediatamente notamos que eso genera una gran barrera para aprenderlas y para practicarlas. Aunado a esto el que los maestros de dicha materia se jactan de saberlo todo, de hacerles creer a los alumnos que si no saben Matemáticas no sirven para nada, y, lo que es peor, se suben tanto a sus nubes que los chicos les llegan a temer, a los maestros y a la propia materia, ocasionando un gravísimo problema estadístico por los resultados reprobatorios que se generan.

He conocido excelentes maestros de Matemáticas, algunos de ellos amigos míos, que desglosan muy bien el desarrollo de los contenidos, que tienen paciencia para enseñar, sin embargo, hay otros maestros de matemáticas que quieren tratar a todos sus alumnos por igual, sin considerar que no todos tienen las mismas habilidades para los números, y es aquí donde deriva la gran discusión, pues si bien es cierto, hay un programa de estudios a seguir, también es necesario contemplar que no todos los niveles y contenidos son para todos; unos en mayor, otros en menor grado. Es real que todo mundo usamos las Matemáticas, de diversa forma y de acuerdo con las necesidades que se nos van presentado, porque hasta para poder cobrar cualquier trabajo se necesitan saber utilizarlas. Para levantar una barda de una casa se necesita saber cuántos tabiques requieres, cuánta arena, que volumen de grava, qué cantidad de cemento y demás; se necesita saber qué cuesta todo ese material para hacer un presupuesto, y cuánto se cobrará por mano de obra. El abogado debe saber de Matemáticas por aquello de las fianzas, de los costos de su defendido o para cobrar sus honorarios. La persona que vende la fruta y verdura en el mercado debe saber lo que cuesta su mercancía, y en cuánto debe venderla para considerar sus márgenes de utilidad y gastos que generan su espacio mercantil. Está claro que todos convivimos con las Matemáticas y que las usamos todos los días, y si esto es tan cotidiano, entonces porqué son mal vistas cuando éstas se estudian y se están aprendiendo. ¿Influirán quienes las imparten para generar este problema? Hay quienes prefieren contemplar otras alternativas de estudios para evitar las “tan odiosas Matemáticas”.

La tecnología también ha aparecido para facilitar el trabajo matemático, y me voy a lo más sencillo como lo es el uso de la calculadora. Ésta limita el esfuerzo mental para poder resolver las cuentas básicas, aún con las personas que las manejan a diario. Hay niños, jóvenes y adultos que para realizar una operación mínima recurren a la calculadora, cuando lo pudieron haber hecho con la mente.

Las Matemáticas no son cosa del otro mundo, pues son lo más cotidiano que podamos tener. Mis estimados lectores, el Señor nos dé du paz. Mtro. Armando


Hace algunos años tuve un compañero de trabajo que daba clases de Matemáticas, mismas que se le hacían divertidas y entretenidas. Cuando había oportunidad de platicar me contaba que desde niño le habían inculcado el gusto por las mismas, y el cómo favorecer el aprendizaje en cualquier nivel de estudios, y que además un maestro suyo las hacía que se vieran sumamente fáciles por la forma en que las impartía. Él no es mexicano y considera que el gran problema de las Matemáticas no es sólo en México, sino que parece ser un mal en todos los países del mundo, aún en los más adelantados. La clave, me contaba, es no hacerles creer a los alumnos que las Matemáticas son difíciles, porque inmediatamente notamos que eso genera una gran barrera para aprenderlas y para practicarlas. Aunado a esto el que los maestros de dicha materia se jactan de saberlo todo, de hacerles creer a los alumnos que si no saben Matemáticas no sirven para nada, y, lo que es peor, se suben tanto a sus nubes que los chicos les llegan a temer, a los maestros y a la propia materia, ocasionando un gravísimo problema estadístico por los resultados reprobatorios que se generan.

He conocido excelentes maestros de Matemáticas, algunos de ellos amigos míos, que desglosan muy bien el desarrollo de los contenidos, que tienen paciencia para enseñar, sin embargo, hay otros maestros de matemáticas que quieren tratar a todos sus alumnos por igual, sin considerar que no todos tienen las mismas habilidades para los números, y es aquí donde deriva la gran discusión, pues si bien es cierto, hay un programa de estudios a seguir, también es necesario contemplar que no todos los niveles y contenidos son para todos; unos en mayor, otros en menor grado. Es real que todo mundo usamos las Matemáticas, de diversa forma y de acuerdo con las necesidades que se nos van presentado, porque hasta para poder cobrar cualquier trabajo se necesitan saber utilizarlas. Para levantar una barda de una casa se necesita saber cuántos tabiques requieres, cuánta arena, que volumen de grava, qué cantidad de cemento y demás; se necesita saber qué cuesta todo ese material para hacer un presupuesto, y cuánto se cobrará por mano de obra. El abogado debe saber de Matemáticas por aquello de las fianzas, de los costos de su defendido o para cobrar sus honorarios. La persona que vende la fruta y verdura en el mercado debe saber lo que cuesta su mercancía, y en cuánto debe venderla para considerar sus márgenes de utilidad y gastos que generan su espacio mercantil. Está claro que todos convivimos con las Matemáticas y que las usamos todos los días, y si esto es tan cotidiano, entonces porqué son mal vistas cuando éstas se estudian y se están aprendiendo. ¿Influirán quienes las imparten para generar este problema? Hay quienes prefieren contemplar otras alternativas de estudios para evitar las “tan odiosas Matemáticas”.

La tecnología también ha aparecido para facilitar el trabajo matemático, y me voy a lo más sencillo como lo es el uso de la calculadora. Ésta limita el esfuerzo mental para poder resolver las cuentas básicas, aún con las personas que las manejan a diario. Hay niños, jóvenes y adultos que para realizar una operación mínima recurren a la calculadora, cuando lo pudieron haber hecho con la mente.

Las Matemáticas no son cosa del otro mundo, pues son lo más cotidiano que podamos tener. Mis estimados lectores, el Señor nos dé du paz. Mtro. Armando

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