/ sábado 9 de mayo de 2020

¿Ya merito?

El término cuarentena se acuñó en la Italia medieval durante la epidemia de peste negra. Las autoridades de la época descubrieron que si aislaban a los viajeros o expulsaban a los enfermos y estos sobrevivían cierto tiempo, podía evitarse el avance de los contagios.

El plazo difiere según las fuentes. Con razón, hablamos del siglo XIV, se desconocía por completo qué originaba la enfermedad, se carecía de pensamiento y herramientas científicas como las conocemos ahora, la medicina de entonces apenas gateaba. Bocaccio, por ejemplo, menciona al inicio del Decamerón que la peste acaecía por la “influencia del aire” o por la “justa ira de Dios”.

El aislamiento por cuarenta días, cumplía dos funciones, por una parte evitaba que los portadores asintomáticos desarrollaran la enfermedad sin propagarla y emparejaba el tiempo forzoso con el padecimiento bíblico de 40 días del diluvio universal y de Jesucristo en el desierto. Hablamos de la mentalidad casi mágico-religiosa del final de la Edad Media.

Ahora, saltemos al siglo XXI, cuando sabemos qué son los virus, disponemos de su genoma completo, así como de pruebas para detectarlo incluso en portadores asintomáticos. Foucault sostenía que vivimos la dictadura de la “ciencia médica”, y a cualquier persona que realice un sahumerio o rezo a un enfermo puede se considerado socialmente como un orate.

Sabemos también que el tiempo de incubación del virus sin síntomas se encuentra entre una semana y doce días, y que su letalidad es muchísimo menor a lo que nos hablan los antiguos de la peste negra. Llevamos un siglo aplicando asepsia y antisepsia.

Disponemos de los materiales y técnicas adecuadas para disminuir al mínimo el riesgo de contagios. Se han establecido claramente cuáles son los grupos de mayor riesgo de mortandad y las enfermedades que los hacen más propensos a un fallecimiento por la enfermedad. En tiempo récord, se han generado procedimientos para el tratamiento del COVID y hay varias vacunas en periodo de prueba.

Disponemos de tecnología que nos permite monitorear en tiempo real casi cualquier rincón del planeta. Sé que me quedo corto en la enumeración de lo que sabemos y que soslayo de forma tajante lo que ignoramos, que todavía podría ser mucho pero nunca en la dimensión de los tiempos de la peste medieval.

Si sabemos todo esto, ¿por qué nadie puede explicar de manera coherente que llevemos casi dos meses en cuarentena indiscriminada y todavía algunos gobiernos piensan en prolongarla más? ¿Por qué cuesta tanto trabajo aceptar que esta “sesentena” ha sido una exageración? Muchos mostrarán las estadísticas de defunciones, la saturación de los hospitales y volverán a esgrimir la letalidad en los grupos vulnerables.

¿Por qué si lo tenían tan claro nos embarcaron a todos y no se enfocó el trabajo en los puntos débiles? En Guanajuato, a petición de la industria automotor, se reiniciarán actividades esta semana.

¿No es tiempo ya de pensar en la reactivación con las debidas precauciones de toda la industria? ¿Reconocerán algún día nuestras autoridades que sobrerreaccionaron y nos encerraron demasiado pronto? ¿Cómo han podido sembrar tanto miedo innecesario y seguir lucrando con él? ¿Cómo actuará la gente cuando sobrevenga una verdadera pandemia mortal? ¿Cuántos muertos por recesión económica causará esta “sesentena” u “ochentena”? ¿Estamos en realidad en cuerpo y mente en el siglo XXI?


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com


El término cuarentena se acuñó en la Italia medieval durante la epidemia de peste negra. Las autoridades de la época descubrieron que si aislaban a los viajeros o expulsaban a los enfermos y estos sobrevivían cierto tiempo, podía evitarse el avance de los contagios.

El plazo difiere según las fuentes. Con razón, hablamos del siglo XIV, se desconocía por completo qué originaba la enfermedad, se carecía de pensamiento y herramientas científicas como las conocemos ahora, la medicina de entonces apenas gateaba. Bocaccio, por ejemplo, menciona al inicio del Decamerón que la peste acaecía por la “influencia del aire” o por la “justa ira de Dios”.

El aislamiento por cuarenta días, cumplía dos funciones, por una parte evitaba que los portadores asintomáticos desarrollaran la enfermedad sin propagarla y emparejaba el tiempo forzoso con el padecimiento bíblico de 40 días del diluvio universal y de Jesucristo en el desierto. Hablamos de la mentalidad casi mágico-religiosa del final de la Edad Media.

Ahora, saltemos al siglo XXI, cuando sabemos qué son los virus, disponemos de su genoma completo, así como de pruebas para detectarlo incluso en portadores asintomáticos. Foucault sostenía que vivimos la dictadura de la “ciencia médica”, y a cualquier persona que realice un sahumerio o rezo a un enfermo puede se considerado socialmente como un orate.

Sabemos también que el tiempo de incubación del virus sin síntomas se encuentra entre una semana y doce días, y que su letalidad es muchísimo menor a lo que nos hablan los antiguos de la peste negra. Llevamos un siglo aplicando asepsia y antisepsia.

Disponemos de los materiales y técnicas adecuadas para disminuir al mínimo el riesgo de contagios. Se han establecido claramente cuáles son los grupos de mayor riesgo de mortandad y las enfermedades que los hacen más propensos a un fallecimiento por la enfermedad. En tiempo récord, se han generado procedimientos para el tratamiento del COVID y hay varias vacunas en periodo de prueba.

Disponemos de tecnología que nos permite monitorear en tiempo real casi cualquier rincón del planeta. Sé que me quedo corto en la enumeración de lo que sabemos y que soslayo de forma tajante lo que ignoramos, que todavía podría ser mucho pero nunca en la dimensión de los tiempos de la peste medieval.

Si sabemos todo esto, ¿por qué nadie puede explicar de manera coherente que llevemos casi dos meses en cuarentena indiscriminada y todavía algunos gobiernos piensan en prolongarla más? ¿Por qué cuesta tanto trabajo aceptar que esta “sesentena” ha sido una exageración? Muchos mostrarán las estadísticas de defunciones, la saturación de los hospitales y volverán a esgrimir la letalidad en los grupos vulnerables.

¿Por qué si lo tenían tan claro nos embarcaron a todos y no se enfocó el trabajo en los puntos débiles? En Guanajuato, a petición de la industria automotor, se reiniciarán actividades esta semana.

¿No es tiempo ya de pensar en la reactivación con las debidas precauciones de toda la industria? ¿Reconocerán algún día nuestras autoridades que sobrerreaccionaron y nos encerraron demasiado pronto? ¿Cómo han podido sembrar tanto miedo innecesario y seguir lucrando con él? ¿Cómo actuará la gente cuando sobrevenga una verdadera pandemia mortal? ¿Cuántos muertos por recesión económica causará esta “sesentena” u “ochentena”? ¿Estamos en realidad en cuerpo y mente en el siglo XXI?


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com


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