/ jueves 29 de julio de 2021

De Alfonso Ochoa presentan el libro “Los Mineros Muertos”

Una narrativa de los Mártires del 22 de abril de 1937, de Guanajuato capital

Guanajuato, Gto.- Una de las escenas más trágicas de la historia de Guanajuato capital, cuya mancha de sangre no ha sido borrada, es narrada a través de la óptica de Alfonso Ochoa en el libro Los Mineros Muertos.

Durante la presentación del libro.

El museo Casa del Conde Rull, en el centro de Guanajuato capital, se llevó a cabo la presentación de Los Mineros Muertos, una cronología del cobarde asesinato de Juan Anguiano, Reynaldo Ordaz, Antonio Vargas, Luis Fonseca, Simón Soto y Antonio García, mejor conocidos como los mártires del 22 de abril.

Era el año de 1937, una época donde los mineros guanajuatenses se movilizaron en búsqueda de obligar a los patrones mineros a brindar mejoras laborales para los empleados.

El 22 de abril de dicho año, los seis líderes del movimiento, cuyo objetivo era la creación de un sindicato minero, regresaban a la cañada desde la Mina El Cubo, momento en que fueron asesinados cobardemente por pistoleros desconocidos.

“Los Mineros Muertos”, de Alfonso Ochoa.

Si bien la historia se ha contado miles de veces, las inexactitudes en los hechos motivaron a Alfonso “El Negro” Ochoa, a realizar un trabajo de investigación para ofrecer a los lectores una crónica de los trágicos hechos.

El libro, no solamente mostró lo ocurrido el 22 de abril, también relata el entorno en que se suscitó y el elevado número de accidentes al interior de las minas, así como la revolución que trajo para los operadores mineros más garantías de seguridad.

“Por eso el libro se llama los mineros muertos, por que se refiere no solo al hecho sucedido en 22 de abril de 1937, que es cuando asesinan a los lideres del sindicato, cuando estaba creciendo este sindicato, antes había habido una serie de muertes, de accidentes”.

La historia de los mineros dejó huella en la ciudad.

La presentación se llevó a cabo el pasado jueves, evento en el que estuvo presente Rosa Estela Domínguez Anguiano, nieta de Juan Anguiano, una de las víctimas de la tragedia del 22 de abril.

También estuvo presente, Gabriela Rodríguez Morrill, nieta de Luis I Rodríguez, quien fue gobernador del estado cuando se perpetró el homicidio de los seis mineros y quien en todo momento cobijó la causa.

Es importante mencionar que la matanza se suscitó un día después de que Luis I Rodríguez ocupó la gubernatura de Guanajuato, después del hecho se solidarizó con los mineros e impulsó que tuvieran mejores condiciones de trabajo.

El monumento de los mineros.

Durante su gobierno se creó la Cooperativa Minera Santa Fe, que se encargó de administrar las minas de la ciudad e impulsar el desarrollo de la capital a través de la minería.

En la cooperativa, por más de 60 años en sus filas se incubaron no solo grandes trabajadores de la minería, pues de ahí emanaron también varios presidentes municipales y regidores.

En medio de este contexto y durante el sexenio de Rodríguez, se instaló el monumento al pípila, donde hoy se encuentra acuñada la frase, del ex gobernador “Aún hay Muchas Alhóndigas por incendiar”, lo cual está inspirado en la revolución minera de la capital.

“Cuando el llega y es gobernador del estado cambian las condiciones para los obreros, los anteriores gobiernos, defendían en realidad los intereses de los empresarios y hay un cambio cuando Luis I Rodríguez es gobernador del estado, un cambio muy importante”, expone Ochoa.

Además de narrar el contexto histórico de la minería, Ocho Tapia hace una severa crítica hacia las condiciones en que hoy operan las minas de Guanajuato, las cuales se encuentran bajo el control de las empresas canadienses.

Compara a la minería contemporánea con la época de la colonia, donde son las manos extranjeras las que se encargan de extraer los valiosos minerales sin que las ganancias sean iguales para los guanajuatenses.

“La minería desgraciadamente, pues otra vez se encuentra en manos de extranjeros, no se trata de satanizar este asunto de la minería, como se dice por ahí”, finaliza el autor.

Los Mineros Muertos, se encentra disponible al público en la librería La Rana del Instituto Estatal de la Cultura, ubicada al interior del museo Casa Diego Rivera en Guanajuato capital.

Guanajuato, Gto.- Una de las escenas más trágicas de la historia de Guanajuato capital, cuya mancha de sangre no ha sido borrada, es narrada a través de la óptica de Alfonso Ochoa en el libro Los Mineros Muertos.

Durante la presentación del libro.

El museo Casa del Conde Rull, en el centro de Guanajuato capital, se llevó a cabo la presentación de Los Mineros Muertos, una cronología del cobarde asesinato de Juan Anguiano, Reynaldo Ordaz, Antonio Vargas, Luis Fonseca, Simón Soto y Antonio García, mejor conocidos como los mártires del 22 de abril.

Era el año de 1937, una época donde los mineros guanajuatenses se movilizaron en búsqueda de obligar a los patrones mineros a brindar mejoras laborales para los empleados.

El 22 de abril de dicho año, los seis líderes del movimiento, cuyo objetivo era la creación de un sindicato minero, regresaban a la cañada desde la Mina El Cubo, momento en que fueron asesinados cobardemente por pistoleros desconocidos.

“Los Mineros Muertos”, de Alfonso Ochoa.

Si bien la historia se ha contado miles de veces, las inexactitudes en los hechos motivaron a Alfonso “El Negro” Ochoa, a realizar un trabajo de investigación para ofrecer a los lectores una crónica de los trágicos hechos.

El libro, no solamente mostró lo ocurrido el 22 de abril, también relata el entorno en que se suscitó y el elevado número de accidentes al interior de las minas, así como la revolución que trajo para los operadores mineros más garantías de seguridad.

“Por eso el libro se llama los mineros muertos, por que se refiere no solo al hecho sucedido en 22 de abril de 1937, que es cuando asesinan a los lideres del sindicato, cuando estaba creciendo este sindicato, antes había habido una serie de muertes, de accidentes”.

La historia de los mineros dejó huella en la ciudad.

La presentación se llevó a cabo el pasado jueves, evento en el que estuvo presente Rosa Estela Domínguez Anguiano, nieta de Juan Anguiano, una de las víctimas de la tragedia del 22 de abril.

También estuvo presente, Gabriela Rodríguez Morrill, nieta de Luis I Rodríguez, quien fue gobernador del estado cuando se perpetró el homicidio de los seis mineros y quien en todo momento cobijó la causa.

Es importante mencionar que la matanza se suscitó un día después de que Luis I Rodríguez ocupó la gubernatura de Guanajuato, después del hecho se solidarizó con los mineros e impulsó que tuvieran mejores condiciones de trabajo.

El monumento de los mineros.

Durante su gobierno se creó la Cooperativa Minera Santa Fe, que se encargó de administrar las minas de la ciudad e impulsar el desarrollo de la capital a través de la minería.

En la cooperativa, por más de 60 años en sus filas se incubaron no solo grandes trabajadores de la minería, pues de ahí emanaron también varios presidentes municipales y regidores.

En medio de este contexto y durante el sexenio de Rodríguez, se instaló el monumento al pípila, donde hoy se encuentra acuñada la frase, del ex gobernador “Aún hay Muchas Alhóndigas por incendiar”, lo cual está inspirado en la revolución minera de la capital.

“Cuando el llega y es gobernador del estado cambian las condiciones para los obreros, los anteriores gobiernos, defendían en realidad los intereses de los empresarios y hay un cambio cuando Luis I Rodríguez es gobernador del estado, un cambio muy importante”, expone Ochoa.

Además de narrar el contexto histórico de la minería, Ocho Tapia hace una severa crítica hacia las condiciones en que hoy operan las minas de Guanajuato, las cuales se encuentran bajo el control de las empresas canadienses.

Compara a la minería contemporánea con la época de la colonia, donde son las manos extranjeras las que se encargan de extraer los valiosos minerales sin que las ganancias sean iguales para los guanajuatenses.

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Los Mineros Muertos, se encentra disponible al público en la librería La Rana del Instituto Estatal de la Cultura, ubicada al interior del museo Casa Diego Rivera en Guanajuato capital.

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