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Internet, mentiras y video

  • Armando Trueba Uzeta

INTERNET, MENTIRAS Y VIDEO.

Por: Armando Trueba Uzeta.

No cabe duda que la vieja y muy sobada muletilla “Una imagen vale más que mil palabras” se ha redefinido en la era del internet y del video. A las nuevas generaciones, en particular a los “Millennials”, les estimula mucho más acudir a las fotografías y videos breves que aparecen a solo un click en su pantalla, que leer una nota, un artículo, una opinión, ya no digamos, un libro. En la era de la informática el mundo está, como nunca en la historia humana, a la mano, pero su conocimiento se reduce a pasar la vista sobre una ventana digital y, con base en ello, formar un criterio que se supone autoriza integrar un juicio y opinar en las redes sociales.

Pareciera que existen dos universos paralelos, el mundo real que vivimos nomás al salir a la calle y el digital que se desarrolla en los más sofisticados y, a la vez, democratizados gadgets, donde la realidad se presenta muy distinta. En la realidad tangible, resulta que un enfrentamiento de soldados mexicanos con criminales ladrones de combustible resulta todo un infortunio para ambos bandos. Según reporta el parte noticioso, los cuerpos de seguridad habrían sufrido cuatro bajas contra siete de parte de los delincuentes. En el mundo virtual, lo que sucedió es que un soldado es asesinado por la espalda y un maloso parece ser acribillado a mansalva por un elemento de la milicia. El video dura algunos segundos, se viraliza y el respetable publico informático ya tiene su dictamen: el ejercito asesina personas inocentes. Unos critican, otros celebran.

Desde luego se ignora el origen del famoso video, así como se desconoce si está o no editado, cómo es que llegó a los medios de comunicación y, a nadie que no sean las instancias involucradas e investigadoras, nos consta su autenticidad, pero alea jacta est, y esas imágenes ya acarrean funestas consecuencias porque solo contribuyen a enrarecer aún más el turbio ambiente que se respira en el país gracias al crimen organizado; el documento busca satanizar al ejército, y de paso a la Marina, organizaciones que parece que a alguien no le agrada que sean estas instancias públicas las mejores calificadas en las encuestas de confianza por los mexicanos consultados. Es esa otra guerra que deben librar.

El video de los hechos de Palmarito Tochapan, Puebla, no hace más que mostrar unos breves segundos para que el público pueda ser testigo de lo que se exhibe como el latrocinio de las fuerzas armadas. Imágenes oscuras, pero no lo suficiente como para que quienes se encargan de presentarlas logren su cometido ridiculizando un operativo que no debió terminar como sucedió. La realidad de las cosas es que bastan esos breves instantes para pretender formar una opinión de rechazo en la sociedad. Sise pudiera contemplar todo el video completo, seguramente muchos ni siquiera llegarían al minuto uno. El moderno consumidor de imágenes no es precisamente paciente ni está dispuesto a dedicar mucho tiempo a algo que no promete terminar pronto. Este público es afecto a los flashazos, a la edición que abrevie lo que se quiere contar; la red está inundada de cosas que pueden ser observadas de manera rápida, casi instantánea y a eso se han acostumbrado. Si quieren ver algo más extenso, ponen el futbol o van al cine o encienden Netflix.

Recientemente nuestro villano favorito contemporáneo, Trump, se tomó la molestia de compartir en su cuenta de Twitter una noticia que coloca a México como el país con más asesinatos ocurridos en 2016. Según la especie, la nuestra es una nación tan violenta e insegura como lo es Siria. Parece que la fuente de la nota que ocupa al Presidente Estadounidense no es precisamente una institución muy seria, pues sus estimaciones carecen de metodología y echa mano de argumentos falaces. Pero como sea, finalmente nuestra frágil reputación internacional queda nuevamente en entredicho y son las redes sociales el caldo de cultivo donde una nación es juzgada y condenada con base en menos de 140 caracteres; no hace falta mucho más que eso para formar opinión en una sociedad que se ha vuelto ociosa y que no requiere ni exige mucha más información para forjarse un criterio de la realidad.

En otro caso reciente, alguien, por alguna insania causa, pretendió sin éxito ridiculizar la imagen de una legisladora federal mediante la difusión de un burdo y falso video promovido en redes sociales. Afortunadamente, en esta ocasión privó la prudencia en los medios que no compraron esta absurda impostura y el caso no pasó a mayores, pero el suceso demuestra lo fácil que puede resultar el uso de internet para lastimar injustamente la vida privada de cualquier persona, en un espacio donde el linchamiento público es inmediato y deja poco margen para la defensa de los afectados. Esto lesiona honras y agrede a familias enteras.

No digo que internet sea el culpable de todo ello, de hecho, es uno de los inventos más fascinantes de la humanidad, una innovación tecnológica de la mayor trascendencia, de tal magnitud que a veces parece que el cúmulo de información disponible es abrumadora. El Israelí Yuval Noah Harari, en su sorprendente obra “Homo Deus. Breve Historia del Mañana” (Debate, 2016), narra como la humanidad, a raíz del arribo del hombre a la luna en 1969, comenzó con una serie de especulaciones, teorías y profecías de lo que vendría para el futuro como consecuencia inevitable de este acontecimiento. Pocas cosas de las que se mencionaron entonces han sucedido, pero lo relevante de esto radica en el hecho de que a ninguno de aquellos agoreros y pitonisas se les ocurrió imaginar siquiera la existencia de algo parecido a lo que ahora llamamos internet. Resulta una paradoja que la gran apertura que este medio de comunicación ha traído al hombre contemporáneo, no siempre ha servido para integrarlo a la sociedad, sino que, incluso, se ha tornado en un medio de aislamiento, soledad, y depresión para los usuarios, lo que ha generado cualquier cantidad de utopías sobre el destino de esta herramienta. Desde luego las bondades de este ingenioso invento que cada día crece de manera exponencial, son superiores a los problemas referidos. Así como hay una muchedumbre digital que solo busca el acceso a imágenes cómodas que no le exijan mayor esfuerzo para enterarse de las cosas que suceden fuera de la pantalla, igual existe un amplio grupo de usuarios para quienes internet es una importante fuente de conocimiento ampliado sobre los temas de interés y una herramienta de acercamiento con sus contemporáneos. Como toda creación del hombre sus beneficios o males, dependerán del uso que cada uno quiera concederle y si optamos por formarnos una visión de la vida dosificada por cápsulas digitales instantáneas y notas breves, estaremos formado una sociedad acomodaticia, débil intelectualmente y acrítica, dispuesta a asumir como cierto todo lo que aparezca en sus dispositivos electrónicos.

@ArmandoTrueba