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Ni modo, a pagar

  • Héctor Gallardo Miranda

NI MODO, A PAGAR

 

Por Héctor Gallardo Miranda

Pos pa qué me ventaneo más… ya la regué y punto, perdí la apuesta, debo reconocerlo, ya los “feisbuqueros” se encargaron de reírse un rato de mí, ni modo. Y es que hizo ocho días me precipité alardeando que Julio César Chávez se impondría al de Jalisco. Seguí la pelea en tiempo real por Twitter gracias a los hermanos del ESTO que nos tienen informados en deportes como ninguno otro más. Y como los rounds son de tres minutos, la información llegaba de uno a dos Twetts por asalto. El primero decía algo así como: Ya corrió el primer round, Canelo muy bien soltó los brazos; el segundo: Asesta bien los golpes que van haciendo blanco en el rostro de Julio Cesar Chávez Jr.; el tercero: Poderoso El Canelo va hacia adelante. A jijo!, pos no oigo nada a favor de Chávez Jr., pues ¿qué estará pasando?. El cuarto asalto, por las mismas que sus precedentes. Y así sonaba la campanita, no la del cuadrilátero sino la de mi teléfono avisándome que entraba un nuevo Twitt del ESTO, el cual la verdad reconozco ya no quería ni leer. Fue en el séptimo round cuándo se publicó la primera fotografía que no dejó lugar a dudas de la supremacía de El Canelo. Era la de un Julio Cesar Chávez Jr. sentado en su esquina, con el rostro desfigurado, y con todo respeto sea dicho, cual perro que ha llegado todo maltrecho después de haber combatido por la pretendida y no lograda pareja. Iban siete asaltos, y ninguno para Chávez???!!! me preguntaba a mí mismo.

Ora sí, ya valió! Del octavo round en delante, los golpes los sentí como si me los hubieron asestado a mí también. Y todo por haber creído en  el remedo de pugilista que es el de Sinaloa.

Ya para el noveno, dejé mis labores que estaba haciendo, con ganas de subirme al ring para jalarle aunque fuera una pata al Canelo para ver si así Chávez podría asestarle aunque fuera un solo golpe al jalisciense, pero, no, volví a la realidad y pegado al teléfono que me informaba a estas alturas de la pelea donde solo atiné a decir,  –se me hace que ya ganó El Canelo- Qué pena, y sobre todo porque me ganó Lorena. De repente escuché la vos de Irene que me decía: “Ánimo hombre, pues  que no te das cuenta”. ¿Cuenta?, ¿de qué? pregunté. “De la estrategia que está empleando Chávez, esa de dejarse golpear hasta que se canse su adversario y en el último asalto verás cómo habrá de ganar Chávez. Pues que ¿acaso no viste la película de Rocky? ¡Lo aprendió a Rocky!” Por fin comprendí que las palabras que parecerían al principio traerme consuelo, eran más bien de ironía. Ni modo, bien me las merecía.

Llegó el anuncio del último asalto, el número 12 y sin embrago todavía por un momento de ingenuidad me la llegué a creer. Me pregunté por dentro, ¿Y si de veras sale el volado de derecha de Julio Cesar Chávez Jr. que por fin impacte el rostro de su adversario que lo mande a la lona y el réferi comience a contarle hasta diez y la humanidad del Canelo no pueda reincorporarse pese a titánico esfuerzo que haga, pero… finalmente abandonado de sus fuerzas ceda ante el tremendo nocaut, dejando caer su rostro al piso del cuadrilátero, mientras que se levantara como verdadero héroe Chávez. Pero de pronto oí sólo dentro de mi cabeza -cuál esquizofrénico- la vos de Irene   que me decía: “Sí, cómo no! y la musiquita esa de Rocky que le levanta el ánimo hasta al más deprimido, ¿también sonará…?”                               

Conclusión: Volví a la realidad, que con sinceridad me dijo: Julio Cesar Chávez Jr. es un mal boxeador; no es ni la sombra de lo que fue su padre, que a base de verdaderos combates pugilísticos se ganó el mote de ser “La Leyenda”. Y que este escribiente por esta ocasión erró por creer en Chávez  y ni modo, tuvo que pagar la apuesta a Lorencita, y lo hice con mucho gusto. Es más valeroso aceptar tu equivocación que incluso subirse al ring. oem-elsol-de-irapuato@hotmail.com