/ lunes 19 de febrero de 2024

General Jesús Pedroza Ayala, militar por más de cuatro décadas

Desde que era un Teniente Coronel se hizo a la idea de que tenía que prepararse para el retiro ya que no es una decisión propia sino que lo marca la Ley

El General Jesús Pedroza Ayala es un hombre originario de Matamoros, Tamaulipas, quien prestó su servicio como militar durante más de cuatro décadas.

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Narró que desde que era un Teniente Coronel se hizo a la idea de que tenía que prepararse para el retiro ya que no es una decisión propia sino que lo marca la Ley, gracias a ello actualmente vive sin nostalgia.

“Estuve en el Ejército 46 años en servicio y tengo aproximadamente 6 años que me retiré; hay que prepararse mentalmente para el retiro, hay cosas que tienen que terminar y son fases de la vida, ser militar yo sabía que tenía que terminar porque hay una ley de acenso y recompensa y la ley del Reglamento de la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas (ISSFAM), donde marca a qué edad cada uno se debe retirar”.


“Me empecé a preparar joven para el retiro, cuando ascendí a Teniente Coronel le dije a mi esposa ‘me voy a preparar para el retiro’, era cuando más me sentía fuerte y más sano, porque hay Coroneles en decadencia y Generales mucho más, entonces desde un paracaídas fui viendo donde quería caer y cómo quería caer, me empecé a preparar, y aterricé bien, no siento la nostalgia de ir al cuartel muy seguido a que me saluden”.

Contó que comenzó su carrera militar a los 17 años, al tener contacto con soldados quienes lo impulsaron a estudiar diciéndole que podría lograr grandes cosas.

“Empecé esta carrera el 6 de diciembre de 1971, tenía 17 años, yo solo veía a los soldados el Día del ejército cuando iban a la escuela y les dábamos regalitos era el contacto que tenía con ellos, pero después por mi casa comenzaron a llegar soldados y al principio la novedad hacía que nos diera miedo pero con el trato continuo con ellos me di cuenta que eran seres humanos como nosotros; un día después de insistir me convencieron, me decían ‘si se viene para acá, lo vamos a hacer grande, lo vamos mandar a estudiar’, no sabía que para ser soldado se tenía que estudiar, y lo cumplieron porque me dieron de alta como Soldado en el 11 Regimiento de Reynosa y a los tres meses me llevaron al cuartel a aprender más cosas, solo fui soldado durante ocho meses porque me mandaron al colegio militar y de ahí siguió mi carrera para arriba”.


Mencionó que en lo personal es una profesión hermosa y que el tiempo no se le hacía suficiente para poder vivir más experiencias, pero que esto iba a depender de cada quien, ya que se debe llevar un estilo de vida muy organizada y disciplinada.

“Es una profesión muy bonita, yo considero que el Ejército es como una preparación para muchos mexicanos que no tienen el recurso para salir adelante, aquí constantemente se está preparando gente para que sirva a la sociedad; es lo más hermoso que se pueden imaginar para quien le gusta, pero un infierno que no, porque es levantarse temprano, recibir órdenes de alguien de mayor grado, no tener tiempo de asistir a las ceremonias de graduación de mis hijos, al cumpleaños de mi esposa, esta carrera es muy absorbente y al que no le gusta, este es un infierno, al que le gusta no quisiera que el día se acabara, que el mes tuviera 50 días porque el tiempo no alcanza para estar disfrutando y aprendiendo cosas nuevas”.

Confesó que para él el cambiar continuamente de ciudad no era un problema para él, al contrario, era una oportunidad para conocer y aprender nuevas cosas, recordando al menos 30 de estos cambios.

“Cada que cambiaba de ciudad yo brincaba de la emoción pero quien no se emocionaba tanto era mi esposa porque le tocaba empacar todo de la casa y llegó a tener récord de empacar todas las cosas en dos días, yo pienso que a quien le gusta esto no está trabajando, le están pagando por disfrutar, toda mi vida fue disfrutar, hacer lo que me correspondía y un poco más porque el éxito hay que hacer un poco más de lo que nos corresponde y pensar cómo puedo mejorar, ahora me cuesta trabajo contarlos todos pero me acuerdo de al menos 30 cambios”.

Añadió que gracias a una trayectoria tan extensa como militar pudo aprender una serie de valores que hasta la actualidad siguen arraigados a su forma de vida.


“Nunca se me va a quitar, lo que yo tengo no lo tiene cualquier empresario, orden, limpieza, organización, seguridad y disciplina, lealtad, responsabilidad, honradez, el patriotismo, muchos valores que se me quedaron grabados y no se me olvidan”.

Admitió que hubo un momento de horrible tensión durante su carrera, cuando secuestraron a su esposa y a su hija pequeña al querer robarles la camioneta, encontrándose con bien en menos de dos horas.

“Hubo muchos desafíos que tuve que atravesar pero el más amargo fue cuando fui Comandante de la XLII zona militar allá en Parral, Chihuahua, le compré una camioneta muy bonita a mi esposa, una Toyota Cruiser, y la asaltaron para quitarle la camioneta pero se la llevaron a ella y a mi hija menor, fueron momentos de angustia, pero cerré todas las rutas con bases de operaciones militares y hablé con el Fiscal y empezamos a movernos y en una hora y media ya estaba conmigo, fue un secuestro momentáneo, en la noche me entregaron la camioneta toda balaceada que se habían enfrentado, fue una experiencia muy amarga”.

El General Jesús Pedroza Ayala es un hombre originario de Matamoros, Tamaulipas, quien prestó su servicio como militar durante más de cuatro décadas.

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Narró que desde que era un Teniente Coronel se hizo a la idea de que tenía que prepararse para el retiro ya que no es una decisión propia sino que lo marca la Ley, gracias a ello actualmente vive sin nostalgia.

“Estuve en el Ejército 46 años en servicio y tengo aproximadamente 6 años que me retiré; hay que prepararse mentalmente para el retiro, hay cosas que tienen que terminar y son fases de la vida, ser militar yo sabía que tenía que terminar porque hay una ley de acenso y recompensa y la ley del Reglamento de la Ley del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas (ISSFAM), donde marca a qué edad cada uno se debe retirar”.


“Me empecé a preparar joven para el retiro, cuando ascendí a Teniente Coronel le dije a mi esposa ‘me voy a preparar para el retiro’, era cuando más me sentía fuerte y más sano, porque hay Coroneles en decadencia y Generales mucho más, entonces desde un paracaídas fui viendo donde quería caer y cómo quería caer, me empecé a preparar, y aterricé bien, no siento la nostalgia de ir al cuartel muy seguido a que me saluden”.

Contó que comenzó su carrera militar a los 17 años, al tener contacto con soldados quienes lo impulsaron a estudiar diciéndole que podría lograr grandes cosas.

“Empecé esta carrera el 6 de diciembre de 1971, tenía 17 años, yo solo veía a los soldados el Día del ejército cuando iban a la escuela y les dábamos regalitos era el contacto que tenía con ellos, pero después por mi casa comenzaron a llegar soldados y al principio la novedad hacía que nos diera miedo pero con el trato continuo con ellos me di cuenta que eran seres humanos como nosotros; un día después de insistir me convencieron, me decían ‘si se viene para acá, lo vamos a hacer grande, lo vamos mandar a estudiar’, no sabía que para ser soldado se tenía que estudiar, y lo cumplieron porque me dieron de alta como Soldado en el 11 Regimiento de Reynosa y a los tres meses me llevaron al cuartel a aprender más cosas, solo fui soldado durante ocho meses porque me mandaron al colegio militar y de ahí siguió mi carrera para arriba”.


Mencionó que en lo personal es una profesión hermosa y que el tiempo no se le hacía suficiente para poder vivir más experiencias, pero que esto iba a depender de cada quien, ya que se debe llevar un estilo de vida muy organizada y disciplinada.

“Es una profesión muy bonita, yo considero que el Ejército es como una preparación para muchos mexicanos que no tienen el recurso para salir adelante, aquí constantemente se está preparando gente para que sirva a la sociedad; es lo más hermoso que se pueden imaginar para quien le gusta, pero un infierno que no, porque es levantarse temprano, recibir órdenes de alguien de mayor grado, no tener tiempo de asistir a las ceremonias de graduación de mis hijos, al cumpleaños de mi esposa, esta carrera es muy absorbente y al que no le gusta, este es un infierno, al que le gusta no quisiera que el día se acabara, que el mes tuviera 50 días porque el tiempo no alcanza para estar disfrutando y aprendiendo cosas nuevas”.

Confesó que para él el cambiar continuamente de ciudad no era un problema para él, al contrario, era una oportunidad para conocer y aprender nuevas cosas, recordando al menos 30 de estos cambios.

“Cada que cambiaba de ciudad yo brincaba de la emoción pero quien no se emocionaba tanto era mi esposa porque le tocaba empacar todo de la casa y llegó a tener récord de empacar todas las cosas en dos días, yo pienso que a quien le gusta esto no está trabajando, le están pagando por disfrutar, toda mi vida fue disfrutar, hacer lo que me correspondía y un poco más porque el éxito hay que hacer un poco más de lo que nos corresponde y pensar cómo puedo mejorar, ahora me cuesta trabajo contarlos todos pero me acuerdo de al menos 30 cambios”.

Añadió que gracias a una trayectoria tan extensa como militar pudo aprender una serie de valores que hasta la actualidad siguen arraigados a su forma de vida.


“Nunca se me va a quitar, lo que yo tengo no lo tiene cualquier empresario, orden, limpieza, organización, seguridad y disciplina, lealtad, responsabilidad, honradez, el patriotismo, muchos valores que se me quedaron grabados y no se me olvidan”.

Admitió que hubo un momento de horrible tensión durante su carrera, cuando secuestraron a su esposa y a su hija pequeña al querer robarles la camioneta, encontrándose con bien en menos de dos horas.

“Hubo muchos desafíos que tuve que atravesar pero el más amargo fue cuando fui Comandante de la XLII zona militar allá en Parral, Chihuahua, le compré una camioneta muy bonita a mi esposa, una Toyota Cruiser, y la asaltaron para quitarle la camioneta pero se la llevaron a ella y a mi hija menor, fueron momentos de angustia, pero cerré todas las rutas con bases de operaciones militares y hablé con el Fiscal y empezamos a movernos y en una hora y media ya estaba conmigo, fue un secuestro momentáneo, en la noche me entregaron la camioneta toda balaceada que se habían enfrentado, fue una experiencia muy amarga”.

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