/ lunes 20 de julio de 2020

El negocio de las placas

No logro entenderlo, ¿qué tiene que ver el número de una placa automotriz con la seguridad? Si existe un padrón de matrículas que debe estar disponible en todo momento para las autoridades, ¿qué importa si un coche tiene un pedazo de metal con holograma o no? Cuento mi experiencia a finales del milenio pasado en la lejana Alemania. Compré un coche de segunda mano en un negocio de chatarras y lo llevé a registrar ante la autoridad. Alemania, como México, es una república federal y aunque la placa se registra con las primeras iniciales de la ciudad donde se realiza el trámite, el número hace parte de un archivo nacional que está disponible para las policías de todo el país. Lo que importa es que el coche esté registrado bajo el nombre de una persona empadronada con un domicilio conocido, a donde llegarán la multas (y vaya si llegaron).

Al entregarme los documentos, el funcionario me indicó que podría mandar imprimir mi placa en cualquiera de los locales a manos de particulares a la salida del edificio. Yo, acostumbrado a los engorrosos trámites de Latinoamérica y a las matrículas llenas de hologramas, letras invisibles, sellos y escudos institucionales, no daba crédito al ver que por módicos 30 marcos (aún no circulaba el euro) recibía una placa de tamaño estándar recién impresa sin perendengues innecesarios. Lo único que me dio trabajo fue atornillarlas a las defensas de mi FIAT.

¿Dónde está el truco? Cuando existen sistemas de información bien vigilados, cuya información no se borra “accidentalmente”, las placas con hologramas se convierten sólo en una costosa redundancia. La seguridad no está en el metal de la matrícula, sino en un sistema de control que funciona sin excepciones. Un policía en cualquier punto de Alemania podía ya entonces consultar las bases de datos en tiempo real para averiguar si cualquier coche reportado correspondía con los números de matrícula. Además, no existen placas por fuera de las oficiales, como es el caso de Guanajuato, incapaz de controlar la matriculación pirata de la UCD, UCEM u ONAPAFFA, con el consecuente daño al patrimonio de los guanajuatenses, pues estos coches no son siquiera suceptibles de seguro contra terceros.

Casi 372 millones de pesos se dedicarán al reemplacamiento; según el subsecretario de administración, Edmundo Soto Torres, “lo que se pretende es fortalecer la estrategia con un padrón actualizado y con nuevos elementos de seguridad para cuidar el patrimonio de las personas”. Según lo comentado con anterioridad ¿es en realidad necesario cambiar las placas, o sería mejor fortalecer los controles internos para que no se pierda información, hacer más viables las foto multas y meter en cintura a los autos chocolate? Creo que con mucho menos de esos 372 millones sería posible depurar el padrón actual y hacerlo funcional para las instituciones de seguridad.

De ahí se desprenderían otras preguntas, como ¿qué tan fiables son nuestras instituciones de seguridad?, ¿cuántos votos se perderían en las próximas elecciones de realizarse una regularización definitiva de los autos chocolate? o ¿cómo andamos de cultura vial en Guanajuato? Mientras tanto, taparle el ojo al macho con estas medidas que a contrapelo de la nueva divisa estampada sobre fondo azul, no muestran para nada la grandeza de México.


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

No logro entenderlo, ¿qué tiene que ver el número de una placa automotriz con la seguridad? Si existe un padrón de matrículas que debe estar disponible en todo momento para las autoridades, ¿qué importa si un coche tiene un pedazo de metal con holograma o no? Cuento mi experiencia a finales del milenio pasado en la lejana Alemania. Compré un coche de segunda mano en un negocio de chatarras y lo llevé a registrar ante la autoridad. Alemania, como México, es una república federal y aunque la placa se registra con las primeras iniciales de la ciudad donde se realiza el trámite, el número hace parte de un archivo nacional que está disponible para las policías de todo el país. Lo que importa es que el coche esté registrado bajo el nombre de una persona empadronada con un domicilio conocido, a donde llegarán la multas (y vaya si llegaron).

Al entregarme los documentos, el funcionario me indicó que podría mandar imprimir mi placa en cualquiera de los locales a manos de particulares a la salida del edificio. Yo, acostumbrado a los engorrosos trámites de Latinoamérica y a las matrículas llenas de hologramas, letras invisibles, sellos y escudos institucionales, no daba crédito al ver que por módicos 30 marcos (aún no circulaba el euro) recibía una placa de tamaño estándar recién impresa sin perendengues innecesarios. Lo único que me dio trabajo fue atornillarlas a las defensas de mi FIAT.

¿Dónde está el truco? Cuando existen sistemas de información bien vigilados, cuya información no se borra “accidentalmente”, las placas con hologramas se convierten sólo en una costosa redundancia. La seguridad no está en el metal de la matrícula, sino en un sistema de control que funciona sin excepciones. Un policía en cualquier punto de Alemania podía ya entonces consultar las bases de datos en tiempo real para averiguar si cualquier coche reportado correspondía con los números de matrícula. Además, no existen placas por fuera de las oficiales, como es el caso de Guanajuato, incapaz de controlar la matriculación pirata de la UCD, UCEM u ONAPAFFA, con el consecuente daño al patrimonio de los guanajuatenses, pues estos coches no son siquiera suceptibles de seguro contra terceros.

Casi 372 millones de pesos se dedicarán al reemplacamiento; según el subsecretario de administración, Edmundo Soto Torres, “lo que se pretende es fortalecer la estrategia con un padrón actualizado y con nuevos elementos de seguridad para cuidar el patrimonio de las personas”. Según lo comentado con anterioridad ¿es en realidad necesario cambiar las placas, o sería mejor fortalecer los controles internos para que no se pierda información, hacer más viables las foto multas y meter en cintura a los autos chocolate? Creo que con mucho menos de esos 372 millones sería posible depurar el padrón actual y hacerlo funcional para las instituciones de seguridad.

De ahí se desprenderían otras preguntas, como ¿qué tan fiables son nuestras instituciones de seguridad?, ¿cuántos votos se perderían en las próximas elecciones de realizarse una regularización definitiva de los autos chocolate? o ¿cómo andamos de cultura vial en Guanajuato? Mientras tanto, taparle el ojo al macho con estas medidas que a contrapelo de la nueva divisa estampada sobre fondo azul, no muestran para nada la grandeza de México.


Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com

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